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La antigua Liturgia de Jerusalén

La influencia de la Liturgia de Jerusalén
sobre las otras iglesias

Enrique Bermejo Cabrera

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Introducción

Jerusalén es el ambiente vital donde la liturgia cristiana nace, se desarrolla y desde donde irradia el esplendor de su forma sobre todas las Iglesias de Oriente y de Occidente. Así como el concilio Constantinopolitano I en el año 381 reconoció a Jerusalén como “madre de todas las Iglesias”, así nosotros podemos considerar la liturgia de Jerusalén como madre de todas las liturgias.

En la Última Cena y en el contexto de la cena pascual hebraica, Cristo anticipa, bajo modo ritual, el misterio de la pasión y muerte que habría de padecer. En el Cenáculo Cristo instituyó la Eucaristía. En el mismo lugar los apóstoles recibieron el Espíritu Santo y de allí partieron a predicar el Evangelio por todo el mundo y a celebrar la obra de nuestra redención. El Cenáculo fue la primitiva sede de la Iglesia de Jerusalén. San Cirilo, hablando de la venida del Espíritu Santo, lo identifica como “Iglesia superior de los apóstoles”. Encontramos la misma denominación en la tardía recensión de la oración eucarística de Santiago: “La habitación alta de la santa y gloriosa Sión”. Sin embargo la liturgia que influirá sobre todas las otras es la que se celebraba en torno a la Anástasis y conocida por fuentes que tenemos del siglo IV en adelante.

Antes de hablar del influjo de la liturgia de Jerusalén, es necesario decir que a su vez la liturgia cristiana aprovechó el contacto con el mundo hebreo, su cuna natural. En efecto, la liturgia sigue la costumbre de ellos de orar en diversas horas del día, e inicialmente lo hacía unida a ellos. Aunque con diverso significado, algunos ritos son comunes, como por ejemplo el de encender la lámpara postmeridiana. Como fueron comunes algunas conmemoraciones y santos del Antiguo Testamento, así también algunas devociones hebreas de tipo popular fueron injertadas en la liturgia cristiana. Me refiero a la veneración del anillo de Salomón y al cuerno con el cual se consagraban los reyes, objetos que se veneraban el Viernes Santo después de la “Vera Cruz”. El calendario cristiano conserva fiestas comunes en coincidencia con el calendario hebreo, basta pensar en la Pascua y en Pentecostés.

Es necesario añadir que la misma liturgia de Jerusalén sufrió influencia de otras liturgias, como por ejemplo la romana en cuanto a lo que concierne a la introducción de la natividad del Señor el 25 de diciembre, día en la cual Jerusalén conmemoraba los santos David y Santiago. Como dice el leccionario armenio: “El 25 de diciembre, día de Santiago y David, se nos reúne en la Santa Sión. Durante este día en otras ciudades se hace la Natividad de Cristo”. Dicho esto, veremos como la liturgia de Jerusalén ha influido en la formación de otras liturgias, y como algunas de sus formas litúrgicas han pasado ser patrimonio de otras liturgias.

Características de la liturgia de Jerusalén

La liturgia de Jerusalén es sobretodo memorial, en cuanto es celebrada en edificios o lugares de culto construidos sobre “Lugares Santos”, lugares que han entrado en contacto con advenimientos de la Salvación obrada para nosotros por el Señor. Tanto los hechos como los lugares son pascuales porque se centran en los advenimientos de la Pascua de Cristo: Pasión y Resurrección, Martyrium e Anástasis. A este centro litúrgico de muerte­resurrección retorna toda la liturgia jerosolimitana: tanto la santa Sión como la Eleona o el Monte de los Olivos con sus respectivos memoriales se refieren a este centro, constituyendo juntamente un triángulo litúrgico que se extiende acto seguido hasta comprender Belén y Lazarion.

Como los Evangelios se forman y se desarrollan entorno al kerigma de la resurrección, así también el año litúrgico se crea entorno al kerigma de la resurrección: los espacios litúrgicos se crean en torno al lugar de la resurrección, la vida cristiana se alimenta de la resurrección. El hecho, el lugar, el tiempo, la celebración de la resurrección, será el lugar, el momento y argumento de encuentro de Biblia, arquitectura, arte e liturgia, etc. porque la resurrección es siempre el punto de partida y la meta de cada aspiración cristiana.

La liturgia de Jerusalén es una liturgia en camino, en peregrinaje, porque a lo largo del año litúrgico recorre los lugares memoriales de nuestra salvación, haciendo coincidir la celebración con tiempos y lugares memoriales. Por naturaleza su liturgia se adapta al tiempo y lugar de la celebración: “Esto sobretodo es particularmente bello y digno de admiración, que tanto los himnos y antífonas, como las lecturas y oraciones que dice el obispo, tienen siempre un contenido tal, de ser adaptadas y convenientes al día en el cual se celebran y al lugar en el cual se desenvuelven” (Itinerarium Egeriae 47,5).

A su vez la liturgia de Jerusalén es también mimética, porque a través de la imitación quiere hacer plástica la celebración de la memoria. Piénsese en la proclamación del Evangelio de la Resurrección hecha por el obispo o la veneración de la Cruz el Viernes Santo.

Si es cierto que las liturgias se formaron a partir de la de Jerusalén, es también verdad que entorno a otras ciudades se formaron nuevas expresiones celebrativas, superponiéndose una sobre otra, o prevaleciendo las más importantes sobre las menores. En oriente las principales ciudades del imperio fueron Constantinopla y Antioquía. Esta última ejercitó su influencia sobre diócesis de Egipto y Libia. Constantinopla poco a poco absorbió las iglesias vecinas: Heraclea de Tracia, Éfeso y Cesarea de Capadocia. Jerusalén ejercitó su influencia en la liturgia, prescindiendo de su situación jurídica.

En gran parte la difusión de la liturgia de Jerusalén en las otras Iglesias se debe a la paz constantiniana, cuando los Lugares Santos fueron honrados con magníficas construcciones. En ellos los peregrinos pudieron admirar la vida litúrgica que se desarrollaba y que, una vez regresados a su patria, quisieron tener también en su propia liturgia. La vida de las personas consagradas, hombres y mujeres, en los Lugares Santos fue una vida dedicada al culto, acompañando siempre la acción litúrgica del obispo y de la comunidad cristiana e intensificando la alabanza en otras horas litúrgicas.

Influencia de la liturgia de Jerusalén

1. Sobre la liturgia bizantina

Hasta el siglo IX la liturgia de Jerusalén ejercita una gran influencia sobre la liturgia bizantina, ya sea por lo que concierne al sistema de lectura, ya sea en relación a los usos litúrgicos. Pero en el siglo IX la tendencia se invierte: la liturgia de Constantinopla prevalece sobre el sistema de lecturas jerosolimitano, aunque Jerusalén mantenía su primado en cuanto a los ritos. De hecho el Tipicon de San Sabas es adoptado por el oriente bizantino.

La liturgia de Jerusalén ha influido en modo decisivo y quizá privilegiado en las liturgias que se han conservado, por medio de traducciones propias, documentos antiguos de esta sublime liturgia. Me refiero a las liturgias armenia y georgiana, que toman de Jerusalén el calendario, el leccionario y traducen también diversas homilías.

Influencia sobre la liturgia armenia. Armenia sufrió influencia de los cristianos de la Capadocia griega y de la Siria (Osroene y Adiabene) desde el siglo III al V. Desde el siglo V al VII, cuando la tradición cristiana armenia indígena estaba en el culmen de su formación, el influjo vino de Jerusalén. A este período siguió otro bizantino de parte de Constantinopla, y finalmente uno latino en los siglos XII y XIV.

El año litúrgico se forma a los inicios del siglo V sobre la base del Típico (LAr) recibido de Jerusalén. En este período comienza a formarse el himmario armenio, creación propia de esta Iglesia, sobre la base del mencionado calendario.

2. Sobre la liturgia georgiana

El cristianismo existía en Georgia ya en el 325, dado que un obispo participó en el Concilio de Nicea. Al menos desde el siglo V se escribe en georgiano. La liturgia de esta Iglesia sufrió la influencia de la liturgia de Jerusalén, utilizando los libros desde el siglo IX, cuando fueron reemplazados por un ordo constantinopolitano. Los libros litúrgicos de Jerusalén eran el leccionario y el calendario. Para las lecturas del oficio los libros homiléticos georgianos han recurrido con mucha frecuencia a las obras auténticas y no auténticas de Cirilo de Jerusalén. El análisis de seis libros homiléticos antiguos lo demuestran.

3. Sobre el rito siro­occidental

El rito siro­occidental o siro­antioqueno constituye la tradición de los siros­ortodoxos del Patriarcado de Antioquía y de la India, así como de los siro­católicos y malankares. Tres centros litúrgicos han influido en la formación de estos tres ritos: Antioquía, Jerusalén y Edesa. De estos solo Edesa era centro de lengua y cultura siríaca las otras dos eran ciudades “griegas” con una minoría de lengua siríaca.

El rito siro­occidental es una síntesis del elemento siríaco de los orígenes, especialmente para aquello que concierne a los himnos y las otras partes corales, con material traducido de textos litúrgicos griegos de procedencia antioquena e jerosolimitana. Esta síntesis fue realizada por la comunidad monástica no calcedonense de lengua siríaca del interno de Siria, Palestina y de algunas regiones de la Mesopotamia, situadas lejos de las ciudades grecas del litoral mediterráneo. Los cristianos de lengua siríaca se organizaron en Iglesias independientes bajo Jacobo Baradai (+ 578), y por esto se llamaron Jacobitas.

4. En la liturgia copta

La liturgia de Jerusalén influyó sobre la liturgia copta como está demostrado por la coincidencia de un documento de los inicios del siglo XIV, “La lámpara de las tinieblas”, de Abul Barakat (muerto entre los años 1320­1327). En el estudio de su obra E. Lanne afirma en una de sus conclusiones: “A lo largo de toda la exposición, las coincidencias que hemos constatado con el rito de Jerusalén desde los siglos V al X son demasiado numerosas y demasiado importantes para que se pueda pensar que se trata simplemente de coincidencias casuales” Según el mismo autor la Semana Santa ha influenciado mucho la celebración copta.

5. En el rito maronita

William F. Mancober ha demostrado que el rito maronita representa una síntesis independiente siríaca antigua calcedonense.

Otros aspectos de la liturgia de Jerusalén
que influyeron sobre otras liturgias

Después de las esquemáticas observaciones sobre el influjo de la liturgia de Jerusalén sobre la liturgia de las diversas iglesias pasamos a considerar los campos litúrgicos a través los cuales la liturgia de la ciudad santa ha influido sobre las otras liturgias: el año litúrgico, el oficio, la Misa, los otros sacramentos, drama y arte.

1. El año litúrgico

En Jerusalén se realizaron los eventos salvíficos relativos al misterio pascual. Los lugares testigos de esto, “loca sancta”, fueron lugares conmemorativos que en los tiempos aniversarios señalaron a lo largo de los años las etapas del misterio de Cristo y así dieron forma al año litúrgico. El Itinerario de Egeria nos da la configuración del año litúrgico de la Iglesia de Jerusalén, que se fue enriqueciendo de fiestas como lo testimonian los leccionarios armenio y georgiano, y por lo que concierna a la Semana Santa el Tipicon de la Anástasis, escrito en el 1122.
Según la sucesión descriptiva del año litúrgico del Itinerario de Egeria tenemos: los días feriales, el domingo, la epifanía con su vigilia, la octava de epifanía, la cuadragésima de epifanía o presentación del Señor en el Templo, los cuarentas días antes de la Pascua o fiestas (eoarte), la Semana Mayor, la octava de Pascua, el tiempo de Pascua a Pentecostés, la dedicación de los edificios constantinianos y los días de los mártires.

Los armenios recibieron la fiesta de la Epifanía de Jerusalén entre los siglos IV y V. Si en Jerusalén se celebraba solo el nacimiento de Cristo, la liturgia armenia conmemoraba también el bautismo de Cristo. El primer aspecto lo r

La fiesta de la Presentación en el Templo se expandió desde Jerusalén al resto del mundo, aunque la procesión con las candelas, de ahí candelaria, era una costumbre romana que la matrona romana Ikelia en el siglo V unió a la fiesta celebrada en Jerusalén.

En el domingo que inaugura la Semana Mayor la Iglesia de Jerusalén conmemoraba el ingreso triunfal de Jesús con la procesión de palmas. Esta procesión pasó a Roma y a la Iglesia persa entre los años 496­502. En España tenemos el testimonio de San Isidoro de Sevilla. Un documento de la Iglesia siro jacobita del año 834 presenta este domingo como uno de los más solemnes del año. Este domingo ejerció su influencia en Egipto y en la Francia Carolingia.

El P. Jounel afirma que el Triduo Pascual penetra profundamente sus raíces en la liturgia de la Iglesia de Jerusalén y que era normal que, en el cuadro topográfico de la Pasión, se quisiese revivir el Evangelio en el lugar y hora en el cual se habían llevado a cabo los advenimientos salvíficos. Esto nos lo confirma Egeria.

Por cuanto respecta a la celebración de la Eucaristía el Jueves Santo, también está testimoniada por Egeria: una en el Martyrium y otra, como hecho extraordinario, en el Post Crucem, pero la práctica de dos celebraciones eucarísticas se encuentra en otros lugares, como informa San Agustín. En la noche del jueves al viernes se hacía una vigilia procesional de acompañamiento del Señor por los lugares de su sufrimiento.

La celebración litúrgica del Viernes Santo es originaria de Jerusalén y de aquí se extiende a otras Iglesias. La característica de este día es la Adoración de la Cruz del Calvario de la hora segunda (7 a.m.) a la hora sexta (12 m.), seguida por las lecturas y oraciones hasta la hora nona (15 p.m.) en la cual se lee el Evangelio de Juan en el punto donde el Señor entregó su espíritu (Itinerario de Egeria 37,1­8). El rito de la Adoración de la Cruz pasa a los ritos bizantino, maronita y jacobita en cuanto concierne a Oriente, y a los ritos romano (cf. Ordo Einsiedelensis del siglo VIII) y ambrosiano en cuanto a Occidente. A. Baumstark afirma que tal rito, como lo describe Egeria, no duró ni en Jerusalén, ni en el rito bizantino, ya que la cruz fue sustituida por los epitafios, aunque sí lo conservaron los jacobitas y maronitas. Sin embargo es necesario precisar que los latinos practican el rito de la Adoración de la Cruz siguiendo la liturgia romana ­primero las lecturas y luego la adoración (en Egeria el orden es inverso: primero adoración, luego las lecturas); que lo había tomado de la liturgia de Jerusalén, solamente la hora era diversa de la originaria en razón del “Status Quo”. A. Baumstark relaciona el rito del cirio pascual al rito del encender la lámpara hebrea la tarde del sábado, y después a la liturgia del lucernario jerosolimitano para pasar luego al rito del fuego santo propio del Sábado Santo.

Las fiestas marianas y el santoral jerosolimitano ejercitaron su influencia también fuera de Jerusalén. La fiesta de la presentación en el Templo se extiende en el siglo V a Bizancio con el nombre de Hypapante y se le añadió una procesión; la fiesta de la Anunciación tiene probablemente origen en Palestina. El calendario de Jerusalén ha ejercido también su influencia sobre el de la liturgia hispánica. Como advierte J. Gubert en cuanto a aquello que respecta a Santiago, hermano del Señor, San Juan evangelista y Santiago el Mayor.

2. Fórmulas litúrgicas provenientes de Jerusalén

La anáfora de la liturgia de Jerusalén atribuida a Santiago, apóstol y primer obispo de Jerusalén, fue traducida al siríaco, georgiano, armenio y etiópico y utilizada por consiguiente por las Iglesias de las lenguas respectivas. El texto griego, lengua original de la anáfora, fue utilizada ya por san Cirilo de Jerusalén, como lo demuestran las catequesis mistagógicas.

A. Baumstark hace un elenco de algunas fórmulas litúrgicas universales de origen jerosolimitano: el diálogo que abre la oración eucarística, el “sanctus” de la anáfora eucarística de Roma y Constantinopla dependen de Jerusalén. El enriquecimiento del trisagio de la oración eucarística, que entre otras cosas era cumplido en los ritos orientales para adorar la cruz, se realizó en Roma y Constantinopla, también bajo influencia de Jerusalén. "La anáfora de Santiago, hermano del Señor, del grupo siro­antioqueno todavía en uso (si bien limitado, en las Iglesias de rito bizantino) contiene en el final de la anamnesis una aclamación, reservada a los diáconos, similar a aquella hispánica: Credimus et confitemur”.

La tradición siro­jacobita atribuye a San Cirilo de Jerusalén los diez idiomeli del Viernes Santo de la liturgia bizantina allí se encuentran las ideas propias de los Improperios occidentales del Viernes Santo. Sin embargo es mucho más probable que sean de Sofronio, patriarca de Jerusalén (+ 638).

A. Bausmark ha señalado otras influencias poéticas de la liturgia de Jerusalén en la liturgia bizantina o en la romana del Viernes Santo. La renuncia de los catecúmenos antes del bautismo, común en Roma y Alejandría, ha sido modificada en Roma bajo influencia de Jerusalén.

Y C. Ratcliff dice que la oración “Grande son, Señor, las obras admirables de la economía de la salvación…” sería de tiempo de Cirilo. Probablemente era pronunciada por los neófitos la noche bautismal de pascua, estando detrás las puertas de la Anástasis. Los contenidos rituales de una rúbrica que aparece al inicio del ritual del bautismo de los armenios fueron interpretados como provenientes de Jerusalén.

3. El sistema de lecturas

El sistema, orden o distribución de las lecturas en la liturgia de Jerusalén da la trama al año litúrgico. Esto quiere decir que lecturas y año litúrgicos son una única realidad. Ya en el siglo V Jerusalén tiene su orden de perícopas bíblicas para leer en las celebraciones. Lo testimonian los leccionarios armenio y georgiano. Ellos son traducciones de leccionarios griegos que no han llegado hasta nosotros, o por lo menos que nosotros no conocemos.

Dado que el influjo de las fiestas de Jerusalén sobre las otras liturgias, también el sistema de Jerusalén ha influido en proporción más o menos grande en la elaboración de los leccionarios de otras Iglesias.

En primer lugar benefició la liturgia armenia. En efecto, ha adoptado las lecturas cuaresmales de Jerusalén de los días que se refieren a estaciones litúrgicas especiales, esta es de los miércoles y viernes de las semanas de cuaresma, de todo los días de la segunda semana del mismo período, y de los tres días de la Semana Grande, la cual nosotros llamamos Semana Santa. Estas lecturas son proclamadas todavía hoy.

También las diecinueve lecturas que preceden a la exposición catequética de San Cirilo de Jerusalén y que venían indicadas tanto al inicio de las respectivas catequesis cuanto en la lista del leccionario armenio, colocada antes de la descripción de la liturgia cuaresmal, han sido injertadas en el leccionario cuaresmal el lunes, martes y jueves de cada semana de cuaresma a excepción de la segunda. Esta inserción se verificó entre los siglos VIII y XI.

S. Janeras ha demostrado el origen jerosolimitano de las perícopas bíblicas del Viernes Santo y las sucesivas interdependencias con el rito bizantino. A. Renoux también ha demostrado que las lecturas del tiempo pascual y los otros tiempos del año de la liturgia armenia dependen del “ordo” antiguo jerosolimitano.

La liturgia de Jerusalén, según el leccionario armenio, lee en el tiempo pascual el libro de los Hechos de los Apóstoles. Tal uso pasa no solo a la liturgia armenia, sino también a la bizantina, copta, etiópica, siro­oriental, siro­malabar y malankar en lo que respecta al Oriente, y particularmente a la hispánica en lo que concierne al Occidente. Está demostrado cómo la liturgia de Jerusalén ha influido en modo particular sobre la hispánica en el sistema de lecturas del jueves y viernes santo.

4. El oficio

Es conocido el influjo que ha ejercido Jerusalén por cuanto respecta a esquemas y contenidos del oficio divino o liturgia de las horas de otras iglesias. Nos limitamos a ilustrar la vigilia dominical de la resurrección y el lucernario.

La vigilia de la resurrección es descripta por Egeria en su itinerario (24,9­11). Consta de tres salmos seguidos en modo responsorial con tres respectivas oraciones, de la conmemoración universal (“commemoratio omnium”), de la incensación de la tumba o interior del Santo Sepulcro, y de la proclamación del Evangelio de la Resurrección hecha por el mismo obispo delante de la puerta de la tumba. Sigue la prolongación de la celebración en el Ad Crucem, con canto de himnos. En el Ad Crucem se dice o canta un salmo y se hace una oración. Al final el obispo bendice los fieles y se despide la asamblea.

El esquema de la vigilia de la resurrección ha influenciado en la composición de la vigilia catedral de la liturgia caldea: en el canto de los tres salmos o cánticos, la lectura del Evangelio (solamente en la vigilia del Viernes Santo), y la procesión que se hace imitando la que en Jerusalén se llevaba al Ad Crucem.

La costumbre de proclamar el Evangelio de Resurrección en Jerusalén, hizo sí que en el rito bizantino en los maitines del domingo –a excepción del sexto domingo de la Gran Cuaresma hasta la Pascua exclusive­ se leyera un Evangelio de la resurrección o de las apariciones del Señor. Este Evangelio se lee siguiendo el ciclo de las once perícopas. La costumbre radica en el hecho de querer recibir el advenimiento central de la redención en la hora y en el lugar del evento salvífico. En efecto, a diferencia de las lecturas evangélicas de las fiestas o de los santos las cuales se proclaman en medio de la Iglesia, el evangelio dominical se lee sobre el mismo altar dentro del santuario. Así, de tal modo, la proclamación de la resurrección surge desde el interior del sepulcro.

También el rito armenio se enriqueció en la misma celebración de la proclamación de dicho evangelio. La estructura de la celebración tiene mucho que hacer con los ritos caldeos, maronitas, sirio de Antioquía, copto y etiópico. Antioquía coincide con Jerusalén, donde se hacía una incensación en honor de las miróforas y se recitaban tres antífonas en honor de los tres días en el sepulcro que culminaba con la proclamación con el Evangelio pascual.

El hecho de proclamar el Evangelio de Resurrección pasa también a las costumbres benedictinas. Según la Regula Monasteriorum (Cáp. 11,9) el abad en persona, como el obispo, lee el Evangelio de Resurrección en la vigilia dominical del oficio. Obviamente San Benito conoció el oficio bizantino de los monjes basilianos de Italia meridional. La vigilia dominical del Evangelio de Resurrección se prolongaba Ad Crucem, como hemos visto.

Esta prolongación fue también tomada por el rito ambrosiano. En el mismo rito un caso paralelo se verifica en el lucernario, donde la celebración se cierra con una procesión al baptisterio.

J. Pinell, refiriéndose a la prolongación de los oficios de la liturgia de Jerusalén y hablando concretamente del lucernario, en el cual terminadas las acciones litúrgicas en la Anástasis se dirigía al Ante Crucem y al Post Crucem, dice: “Aquí encontramos los antecedentes de los ‘apéndices’­visitas devocionales a los Lugares Santos­, añadidos a los oficios de vísperas y de la mañana, y que volvemos a encontrar en los ritos ambrosiano e hispánico”. En efecto en el rito ambrosiano después del canto del Evangelio seguido por un comentario patrístico se hacía la procesión Ad Crucem al canto de una antífona variable, que podía consistir en un texto bíblico o en una composición eclesiástica seguida del cántico final, Cantemos, de Moisés.

La nueva liturgia de las horas prevé la celebración de la vigilia dominical. Se trata de los elementos celebrativos que unidos a los del oficio de lectura forman una unidad celebrativa. Los elementos añadidos son los tres cantos para los diversos tiempos litúrgicos con la respetiva antífona para los tres, y la proclamación del Evangelio, la homilía opcional, el Te Deum, a excepción de la cuaresma, y la oración. La unidad de los tres cantos la encontramos ya en Egeria. En verdad tres salmos con respectivas oraciones, como también la proclamación del Evangelio, y precisamente el de la resurrección, es la característica propia de Jerusalén. En consecuencia se puede bien decir que la renovación litúrgica se ha inspirado en al liturgia de Jerusalén en la reformulación de estas vigilias dominicales. La descripción de Egeria nos sirvió cuando nosotros mismos hemos debido adaptar a la liturgia del Vaticano II las celebraciones nocturnas de los sábados de cuaresma y de pascua en la basílica del Santo Sepulcro, o Anástasis.

5. Drama y arte

Siendo la liturgia de Jerusalén una liturgia con connotaciones locales en cuanto está ligada a los lugares de los advenimientos de la salvación, también donde sea se ha querido imitar no solamente la liturgia que se desarrollaba en estos lugares, sino también en cierto modo se han reconstruido los mismos Lugares Santos de nuestra redención, proveyéndola a través de los siglos de algunas celebraciones litúrgicas o paralitúrgicas, llamadas drama litúrgico. En este sentido son conocidas las reproducciones del Santo Sepulcro en Europa y también las liturgias de la noche y de la mañana de pascua, conocida como la visita de las mujeres al sepulcro. Tales representaciones casi teatrales que conocemos por textos estaban ya propagadas en Occidente gráficamente en las Eulogias que llevaban los peregrinos, por ejemplo las renombradas ampollas (especie de vaso que contenía sagrados oleos) de Monza y Bobbio del siglo VI, prefigurativas de las mujeres con el incienso en el Sepulcro, donde encuentran el ángel que les anuncia la resurrección.

6. Conclusión

Esta breve presentación de documentos demuestra que Jerusalén no solo ha sido un lugar donde se realizó los eventos de la historia de la salvación, sino también el lugar donde su memoria ha dado vida a la liturgia cristiana. Los documentos más antiguos son patrimonio de las Iglesias orientales antiguas como la armenia y la georgiana, hecho que revela como también pueblos de origen lejano encuentran aquí el ambiente de su vida espiritual. En general en la vida litúrgica se han distinguido hombres y mujeres, que en la ciudad y en el cercano desierto de Judea consagraban su vida a la gloria de Dios. Pero de todas los demás naciones iban peregrinos que, acto seguido, difundían en su patria la liturgia de Jerusalén, que en este modo todavía se demostraba madre, alimentando la vida espiritual de sus hijos.
Tomado de "Gerusalemme: realtà, sogni e speranza".

FONTE: “Gerusalemme: realtà, sogni e speranza”.

 

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