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Teólogos Ortodoxos Contemporâneos:

Fr. John Meyendorff

(1926-1992)

Nació el 17 de febrero de 1926 en Neuilly (cerca de París) en una familia de la emigración rusa. Presbítero en 1959. Enseña Teología e Historia de la Iglesia en los Estados Unidos y participa con el P. A. Schmemann en la fundación de la Iglesia Ortodoxa de América, a la que el Patriarcado de Moscú dio la autocefalía en 1971. Es decano del Instituto San Vladimir después de la muerte de Schmemann. Muere el 22 de julio de 1992 en Montreal. Algunas de sus obras: San Gregorio Palamas y la Mística Ortodoxa (1959); Iniciación a la Teología Bizantina (1975); El Matrimonio en la Perspectiva Ortodoxa (1975) etc.

La Coronación de los Esposos

asta el siglo IX, la Iglesia no tenía un rito propio del matrimonio, separado de la Liturgia eucarística. Después deI matrimonio civil, la pareja cristiana participaba de la Eucaristía" y esta comunión era el sello del matrimonio. Pero desde el siglo IV, el sacramento fue solemnizado por el rito de la "coronación", celebrado durante la liturgia eucarística [...]

Se dijo a veces que el uso de coronas era una supervivencia de rituales paganos, una simple expresión de alegría humana. De hecho, el contexto y el simbolismo de las caronas del matrimonio son puramente bíblicos.(...) La corona, signo tradicional de victoria en las competencias de atletas, es en el Nuevo Testamento el signo de la victoria de la vida sobre la muerte. San Pablo escribe: Corred para conquistar el premio... Todo atleta se somete a una estricta disciplina para obtener una corona perecedera; pero nosotros lo hacemos para obtener una corona imperecedera (1Cr 9, 24-25). En este mismo sentido, San Juan Crisóstomo ve en las coronas del matrimonio "un símbolo de victoria" sobre la sexualidad irrefrenada que acarrea la corrupción y la muerte. La corona, en el Nuevo Testamento, es igualmente la recompensa divina y eterna a la rectitud: He combatido hasta el fin el buen combate, he terminado mi carrera, he guardado la fe. Y he aquí que ahora se prepara para mí la corona de justicia. (2Tm 4, 7-8) Y cuando aparezca el Jefe de los pastores, recibiréis la corona de gloria que no se marchita (1Pd 5, 4)

Es evidente que la corona de victoria y de inmortalidad pertenecen, ante todo, al Señor Jesucristo mismo, crucificado y resucitado. Por esta razón, la Iglesia utiliza los versículos del Salmo 21 en el Gradual del Oficio: “Pusiste en sus cabezas coronas de piedras preciosas. La vida te pidieron y Tu se la diste”. Este Salmo es una glorificación del rey y de la reina del reino davídico de Judá y el texto siempre fue leído por los cristianos como una referencia a la gloria de Jesús, rey mesiánico, y a la Iglesia, su Esposa... En el Salmo 8, aparece este versículo que el presbítero cita en la bendición a los esposos: Lo hiciste (al hombre) apenas inferior a un dios: lo coronas de gloria y resplandor. Todo el Salmo es un himno a la dignidad del hombre, rey de la creación (...)

Los mejores testigos de la victoria del Cristo sobre la muerte son los mártires (palabra griega que significa "testigo"); sobre ellos, la muerte no tiene poder y ya recibieron sus coronas. Leemos en el Apocalipsis (2,10): Sé fiel hasta la muerte y te daré la corona de vida. En el arte cristiano antiguo, los mártires son representados con coronas que el cristo pone sobre ellos en signo de victoria sobre la muerte. Por eso los mártires son mencionados durante el rito de la coronación: no para hacer alusión a sus sufrimientos como si éstos fueran elementos constitutivos del matrimonio, ya que a los novios sólo se les desea alegría y prosperidad. Sino porque es condición del matrimonio cristiano la aceptación del Evangelio del Cristo, la aceptación de llevar Su cruz para participar de Su victoria y entrar en Su Reino de vida eterna. Así, el amor humano del hombre y la mujer se proyecta en el mundo venidero, es coronado, como los mártires y los santos, por el Cristo mismo, y se convierte en un lazo eterno dentro del misterio del Cristo y de la Iglesia. (...)

Después de la lectura de San Pablo (Ef 5, 20-33: ...el amor del marido y de la mujer... es un gran Misterio con respecto al Cristo y a la Iglesia, su Cuerpo), del Evangelio de las Bodas de Caná (Ju 2, 1-12) y del Salmo nupcial 128, se hace la coronación de los esposos: el presbítero une las manos del novio y de la novia y los guía en una procesión circular, por tres veces, alrededor del púlpito (donde está el libro deI Evangelio). Evidentemente, así como para los anillos, el círculo es el símbolo de la eternidad, y proclama que el matrimonio es un compromiso permanente. EI sentido de esta procesión se expresa igualmente mediante el canto de tres "troparios":

Alégrate, Isaias!
La Virgen concibió y dio a luz al Hijo Emmanuel,
Dios y Hombre.
Oriente es su Nombre.
AI glorificarlo, exaltamos a Ia Virgen.

Oh Santos Mártires,
que hábeis combatido con valor
y habéis recibido Ia corona,
rogad aI Señor que salve nuestras almas.

Gloria a Ti, oh Cristo Dios,
fuerza de Ios Apóstoles y gozo de Ios Mártires
que proclamaron la Trinidad indivisible en un solo Dios.

Los troparios resumen la enseñanza bíblica sobre el matrimonio. La unión de los esposos cristianos es un testimonio de la venida del Reino de Dios, inaugurado por el nacimiento humano del Hijo de Dios, nacido de Ia Virgen. El comienzo del primer tropário debería traducirse más exactamente, por: "!Danza en círculo, Isaías!" La triple procesión circular de los novios puede ser considerada como una forma, en sentido literal, de danza litúrgica.

Antiguamente, el novio y la novia tenían la costumbre de llevar la corona durante los ocho días que seguían a la ceremonia del matrimonio.

Fonte:

En: Marriage: an orthodox Perspective, New York: St. Vladimir’s Press, 1975.

Revista Fuentes, 1993. Argentina. «Teólogos Ortodoxos Contemporâneos»

 

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